jueves, 23 de julio de 2026

Recuperar la luz de la infancia.

 Era la infancia un jardín de luz antigua y lenta,

donde el tiempo medía su paso en el vuelo de los pájaros

y el aire de la tarde guardaba una promesa infinita.


Bajo la sombra fresca de los naranjos,

la vida era tan solo un don remoto y puro,

una música callada que aún no temía la noche.

Mi padre extendía su mano fuerte sobre la mía

y el mundo entero cabía en la seguridad de aquel abrazo,

lejos de toda sombra, en la verdad sencilla de los días.


Hoy, cuando el otoño ha poblado los espejos

y la memoria rescata aquellos rostros desvanecidos,

vuelvo a pisar descalzo la hierba húmeda de entonces.

Todo pasó, es verdad, como el agua entre los dedos,

pero queda el temblor, la luz intacta de aquel tiempo,

la certeza de haber habitado el paraíso.