sábado, 13 de diciembre de 2025

Quizá Océano.

Alzar el pretexto para atisbar

una alegoría, quizá Océano

el gran río que rodea el mundo.
Allá lejos donde solté el equipaje
en medio de multitudes agitadas
con jardines prodigiosos
y bahías vírgenes, fui peregrino.
Susurro un secreto para seguir.

¿Para qué existo?

La hierba se estremece un poco, tal vez la brisa pasa a través de ella. Y las hojas de los olivos tiemblan del mismo modo.

Hay una viento que empuja a las nubes desde el mar.
Pequeña alma, siempre desvestida, trepa por los estantes de las ramas del pino, aguarda en la copa, atenta, como un centinela o un vigía.
Yo improvisé, poco recordé. ¿Por qué sufro? ¿Por qué soy ignorante? Células en una gran oscuridad.
Alguna máquina nos hizo, es el turno ahora de exigirle, de volver a preguntarle: ¿Para qué existo? ¿Para qué existo?.

Delirio.

 Vuelvo al delirio, esa razón interminable, donde todo es posible.

Esa nada que sepulta la ilusión de una divinidad me angustia.
Me alegra más el no saber, prefiero imaginar mil dioses.

viernes, 12 de diciembre de 2025

El mar de alma profunda.

 El mar, gigante azul de alma profunda,

respira con un ritmo ancestral.

Susurros de caracolas dormidas,
cuentos de navegantes y sirenas,
historias de tormentas y almenas.
El sol pinta reflejos vivos,
y el viento salado, mueve velas
a lugares soñados.

El agua del mar no pregunta.

 El agua del mar no pregunta, sus colores son la respuesta: Somos esto, pulpa de rumor y distancia, reposo donde el nacer es solo el acto para morir, para ser, por fin, mar.

Totalidad sin ojos que nos miren,
solo el susurro profundo y sin orillas de la eternidad.