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domingo, 14 de diciembre de 2025

El viaje de la semilla oscura.

El sendero, amigo, no es de mármol pulcro,

sino un hilván de niebla bajo el sol escaso.

Existir es la carga del viajero pulcro,

el mandato ineludible del primer abrazo.

El alma no es un cuenco de agua serena,

sino el pozo hondo que busca lo olvidado.

Bajo el sol de mediodía, la sombra es plena:

el dolor del alma es el canto del exiliado.

Es la cuerda tensa que el corazón no olvida,

la sed de otra orilla, de un jardín sin valla,

donde la verdad no duela ni se mida,

y el espíritu no sea siempre una batalla.

Y llega el tiempo gris, el roce de la bruma,

donde la lógica es un libro carcomido.

La locura no es fin, es solo una espuma

que el mar del sentido arroja sin sentido.

Es el sabio que danza bajo el farol roto,

el que escucha al narciso que la tierra esconde.

¿Qué es cuerdo sino el eco, el reflejo ignoto

de un mundo que en su cifra nunca nos responde?

¡Oh, el bendito olvido de la recta norma!

Romper los barrotes de la cárcel de la razón,

ser el lobo estepario en su más pura forma,

un eco sin cuerpo, libre de prisión.

Mas la espiral no cesa, el péndulo ya cruje,

y el viaje oscuro tiene su estación final.

La muerte es el único pacto que no aduce

el alma fatigada, el sueño más cabal.

No es el fin de la luz, sino el regreso al hálito,

al vientre de la madre, al Todo que dormita.

Es el sol que se hunde, cumpliendo su hábito,

para ser la estrella que desde lejos nos invita.

Solo al cruzar su umbral, la vida se devela;

el dolor se disuelve en el vasto silencio.

Somos la gota que vuelve a la procela,

el fragmento que retorna a su primer principio.

Existir fue un grito. Morir es la paz. El alma descansa. 


Al  estilo de Herman Hesse. Uso IA. 

sábado, 13 de diciembre de 2025

Un éxtasis de la ceniza.

 Silencio. Ella. La existencia, esa gruesa sopa de gachas frías y remordimiento. ¡Sí, sí, qué cosa es el ser! ¿Un Éxodo sin Partida? El alba, el alba siempre repitiendo el mismo grito amarillo sobre el adoquín húmedo. Pero no hay pan, solo la miga de la Memoria que raspa la laringe del alma.

Dolor original, psicostasis sin balanza. El tedio, ese qué pegajoso que se adhiere a la suela del zapato y al corazón. Escucho el tic tac del tiempo en el reloj de la abuela, esa tictactología estúpida de los segundos que se deslizan hacia el Mar de la Ceniza, y el Ahí no llega, solo el Aquí que duele, punzada, aguijón.

¡La locura! ¡Clong! Un címbalo en el cráneo. ¡Tararí!

Un laberinto de espejos donde mi reflejo parpadea, ¿o es el de Odiseo, varado en la calle Sibilina? Por mi culpa, por mi mácula. El Logos se ha roto como porcelana barata. Y ahora, el río de palabras que no significan, solo la música de la saliva y el fonema.

—¿Quién? ¿Qué —Sólo un eco de lo que fue.

Y luego, la Muerte. Finis. Telos. ¡Stop! La Gran Corrección Tipográfica. La tinta se seca. El cuerpo, esa vestimenta de mezcla de lana gastada, se deshace, liberando un hedor a libros viejos y un poco de óxido. El gran No silencioso, sin punto ni coma. El silabario se cierra.

Señor. ¿Existe un Cáustico Celestial para limpiar esta mancha?

No. Solo el final de la frase.

Adiós, adiós. Y una gran, redonda, definitiva O de la nada.

Inspirado en James Joyce. Uso IA. 

El único círculo.

Nadie ha visto la existencia, solo el peso del aire contra el rostro que camina. Somos arcilla en manos de la duda, un recipiente roto que no olvida el cauce del torrente. Y el alma: esa moneda antigua, siempre en curso, que nadie cambia, solo se desgasta. Ella es el pozo donde el mundo se refleja y de tanto mirarse, sufre, canta y basta.

El dolor no es herida; es una forma, la geometría íntima que nos define, el ángulo exacto que la luz declina. Y tú lo cargas, no como una norma, sino como la fruta que madura en una rama expuesta a la neblina.

¿Y la locura? No es el grito ajeno. Es la súbita certeza de que todo lo que has nombrado es falso y es apenas el frágil biombo de tu propio modo de no ver lo tremendo. Ella es el mensajero que se quita el manto, el Ángel que te arroja su corona. Y tú te quedas solo, en ese espanto de que la rosa sea solo una peona en el tablero mudo del infinito llanto.

Es el intento de habitar la grieta entre el Sí y el No, sin anclaje ni red. El pulso que se mide contra el cometa, el corazón que bebe más de lo que sed le permite, y revienta.

Mas la Muerte es el centro, el último oficio. No es el final; es la intensa madurez que todo lo vivido exige en sacrificio. Ella ordena el desorden, con su palidez de estatua, y nos devuelve a lo que siempre fuimos: el silencio. Como el poeta que al fin halla el vocablo que deshace la estrofa, y en el vencimiento de la forma, descubre lo innombrable.

Morir es solo entrar en otra puerta, la que no tiene cerrojo ni bisagra. Ser una cosa mirando a su cosa muerta, y en esa pura entrega, limpia y magra, ser al fin, uno en la vasta noche despierta.

Inspirado en Rainer Maria Rilke. Uso IA.

La cuerda deshilachada de la razón.

La locura, ese regalo de un dios aburrido, nos llega como la niebla. Se desliza por debajo de la puerta, nos viste con harapos de lógica invertida. Hemos gritado en las escaleras que no llevaban a ninguna parte, Hemos contado los ladrillos, buscando el patrón que negaba el caos. ¿Es preferible la mentira lúcida al horror de la verdad fragmentada?

Ella, con el pelo suelto y los ojos de papel quemado, caminaba descalza sobre los fragmentos de la memoria. Sus manos hacían gestos hacia un mar inexistente, donde las almas de los ahogados jugaban un ajedrez eterno. “Señor, los gusanos también aman las historias incompletas”, nos dijo.

Y ese escalofrío: el reconocimiento de que todos habitamos el mismo manicomio bien decorado, con sus cortinas de terciopelo. La voz que susurra que la vida es un borrador mal escrito, Un monólogo sin público, en una habitación cerrada con llave.

La muerte no es un final, sino una puntuación, un punto y coma suspendido. Llega con el hedor de un sótano antiguo, la humedad y el moho. No hay redención en el último suspiro, solo la fatiga del alma que por fin se despoja de su atuendo de ansiedad y propósito. ¿Qué dejaremos? Trozos de conversación, billetes arrugados, un nombre olvidado en el listín de una ciudad sin nombre.

Aquí, a orillas del río color de ceniza, esperamos la barcaza, La que no tiene vela ni remero, la que solo se desliza. El miedo ya no es un motor, sino una manta pesada. El fuego ha consumido el templo, y solo queda el humo que asciende, Indiferente a la plegaria, sordo al lamento.

Inspirado en T.S. Eliot. Uso de I.A.

Eternidad bajo el mar ciego.

Oh, mar, destrucción o amor, lágrima vasta que no nombra. Tu pecho es el olvido, la sustancia sin borde donde el tiempo solo es espuma blanca sobre un silencio azul que no termina. Se extiende el horizonte como una herida dulce, como un labio que no puede besar porque ya es todo, porque es la ausencia de la forma que fuimos, el regreso sin nombre.

Aquí las algas, cabello sumergido de la eterna durmiente, son la memoria fría, el tacto ciego que nos llama. Se confunde la sangre, lenta y roja, con el coral dormido, y un cuerpo de hombre, mínima sal en la inmensidad, se disuelve en la luz que nunca vio, en la tiniebla clara.

No hay anécdota aquí, no hay el cuchillo breve del recuerdo. Solo el gran oleaje, seno cóncavo y redondo que devuelve el suspiro primero, el fulgor inicial que fuimos. La roca es un dios roto, piedra que aspira el beso de la ola, y el hombre, solo un fósforo encendido bajo el agua, que al apagarse existe más que nunca, fusión con el abismo.

Inspirado en Vicente Aleixandre. Uso I.A. 


Palma, alma, estrella.

Se alza la palma, un grito vertical de tierra que ha bebido el olvido del sol hasta el hueso. Su tronco es una columna donde el tacto se pierde, y arriba, en el silencio denso donde se asfixia el aire, abre sus manos ciegas, palmas de un dios fatigado.

No es madera, es deseo cuajado, es la sed que sube desde el mineral para besar la luz que no conoce, el astro fugitivo. Bajo su sombra, un castillo de arena, sí, o de cal viva en el pecho, un muro que el amor derribará con un soplo o con un látigo suave. ¡Oh, arquitectura vana, hueso que intenta ser nube!

Y el alma, esa voz que no tiene garganta, esa sal que se derrama sin agua en la llanura. Es un reflejo húmedo en el ojo de un ciervo nocturno, una brasa que no quema si la nombras, pero que incendia la distancia hasta el final. Ella clama por fundirse, por ser la hoja, el viento, la veta de oro oscuro que sostiene el desastre.

Por eso mira hacia el azul, ese desierto frío. Allí pululan, frías y pequeñas, las estrellas como ceniza de un cuerpo que fue pasión, partículas de un amor cósmico que ya no existe, polvo que el viento mueve entre los labios de un dios. No las mires, no las toques, son sólo recuerdo. Sólo el olvido es carne.

Cae la noche sobre la palma, y en su oscura cintura el castillo se desmorona dulcemente, mientras el alma se precipita, para ser, por un instante, la luz hiriente de una estrella que muere, y que al fin es tú y soy yo. Fusión, destrucción. Todo es lo mismo. Un solo cuerpo inmenso bajo un cielo de piedra.

Inspirado en Vicente Aleixandre. Uso I.A. 

Ciclo del hondo sol.

El cuerpo, mapa de una pena profunda, espejo de una ciudad que se derrumba en el hálito sin nombre de la tarde. Aquí no hay muros que detengan la fuga del tiempo, este puñal que solo aguarda.

El eco de la sangre es ya ceniza, una pausa infinita en el silencio. Y en la grieta donde el ser se deshabita, asciende, como niebla, el dolor del alma. Fruto de sombra que el sol nunca deshizo. El lenguaje se pudre en la garganta y el silencio es la única respuesta, un dios helado sobre un campo yermo.

¿Qué queda del ritual, del movimiento? Solo el residuo, la arena que no fluye. El mundo es una rueda que repite la misma sílaba vana, el mismo gesto. Y de esta repetición, de esta agonía circular que el futuro nos promete, nace este lento y mineral cansancio de vida.

Un hilo tenue sostiene el laberinto. El deseo se ha vuelto memoria mustia, el aire que respiro ya no me nombra. Somos el hueco azul de una pregunta sin respuesta, la nada que subsiste. El alma, un ojo ciego que regresa a contemplar la piedra donde duerme la luz que un día fue promesa y ahora, solo es una sombra quieta.

Inspirado en Octavio Paz. Uso I.A. 

Quizá Océano.

Alzar el pretexto para atisbar

una alegoría, quizá Océano

el gran río que rodea el mundo.
Allá lejos donde solté el equipaje
en medio de multitudes agitadas
con jardines prodigiosos
y bahías vírgenes, fui peregrino.
Susurro un secreto para seguir.

¿Para qué existo?

La hierba se estremece un poco, tal vez la brisa pasa a través de ella. Y las hojas de los olivos tiemblan del mismo modo.

Hay una viento que empuja a las nubes desde el mar.
Pequeña alma, siempre desvestida, trepa por los estantes de las ramas del pino, aguarda en la copa, atenta, como un centinela o un vigía.
Yo improvisé, poco recordé. ¿Por qué sufro? ¿Por qué soy ignorante? Células en una gran oscuridad.
Alguna máquina nos hizo, es el turno ahora de exigirle, de volver a preguntarle: ¿Para qué existo? ¿Para qué existo?.

Delirio.

 Vuelvo al delirio, esa razón interminable, donde todo es posible.

Esa nada que sepulta la ilusión de una divinidad me angustia.
Me alegra más el no saber, prefiero imaginar mil dioses.

viernes, 12 de diciembre de 2025

El cenit vacío.

El cielo, una ostra pálida y sin perla,

se extiende sobre el tedio de la tierra.

Un azul deslavado, sin querella,

donde el sol es recuerdo, no una guerra.
Las nubes, trapos grises, vagan lentas,
sin forma definida, sin destino.
Un aire enrarecido, sin tormentas,
suspende el tiempo en un sopor mohíno.
Y abajo, el polvo, la baldía espera,
los muros desmoronados, la osamenta
de un mundo que en silencio desespera,
aguardando la sombra, la tormenta
final. La muerte, con sus dedos fríos,
recorre las estancias olvidadas,
los ecos de los llantos, los vacíos
de vidas que fueron malgastadas.
No hay promesa de aurora, ni consuelo,
solo este cielo hueco, indiferente,
testigo mudo del eterno duelo,
de la existencia inútil, indolente.
El tiempo, un río estancado y oscuro,
arrastra los fragmentos del pasado,
un sabor a ceniza, impuro,
de un futuro ya siempre clausurado.
Así, bajo la bóveda vacía,
la muerte danza un vals espectral,
mientras la última sombra, fría,
cubre la pena, el tedio mortal.

Inspirado en T.S. Eliot. Uso de I.A.


lunes, 12 de marzo de 2012

Arcadia del Mar.(XIII).


La antigua cala de pescadores me recuerda al Viejo y el Mar: "Mi decisión fue ir a buscarlo, más allá de toda la gente en el mundo".

Sueño el mar dorado para ir a pescar.

Para seguir el viaje, un navío.

Alba mar lapislázuli, presto dorada, luego cian.  

Las olas son irreversibles, se suceden unas tras otras, como los instantes.

Continuo pensar de olas y colores.

Isla prójima al continente, sin embargo isla.

El islote tararea burbujas, el palmito crepita con la brisa.

Mar indómito, mar de mares

Alianza del horizonte con la vacuidad. Mañana nebulosa.

El viento silva como sutil enjambre, despabila el silencio del pino, aviva el oleaje.

El mar abre arcos, sed de perlas, agua viva.

Líquida esmeralda chapotea la gruta de los cantiles.

Sucede, el pino, la roca, el mar.

A la orilla del mar, ola blanca, agua verde, esperanza.

Ensueño vidriado. Principio de caverna con gemas.

Marina, llama a las caracolas para que el sol no se duerma.

Olas suaves, mar con música, resuena la esfera.

Foco anti materia oscura.

Eclosión de una futura centella.

Flor de almendro.

Probabilidad de eclosión fotónica.



Ondula el mar más alto que la tierra.

Playa fósil. Mar de ópalo.

Ya amaneció farallón de inamovible singladura.

Necesitamos al sol y el mar para aprender.

Olor a pino, espacio litoral, calas, cabos, embarcaciones de recreo. ¡Fiesta!

¿Por qué se enfada la gaviota?

Giro, las alas al viento, la cabeza recta.

Sueña la primavera. El almendro se viste de flores.

Bosque hermano inspira, el sol reluce sobre el mar.

Oro líquido, barcos a la mar.

Vida, mar, temblor, roca.

Deseos, fugaces destellos, ilusorio baño de desengaño.

La realidad es acción material y espiritual.

Un caminar hacia la vibración del mar.

La tierra también tiene garras que se ciernen al libre mar.

Agua, sal, luz. Belleza, fusor de subsistencia. Vislumbre.

La belleza de la naturaleza es gratuita y produce felicidad.

Las olas como las emociones derraman espuma persistente a la playa.

Ondas, colores, mares. El lugar que busco es el mismo que floté al inicio.

La playa, el mar, rastrear la estela de una existencia perdida, de una conciencia sideral.

La nave boga sin vacilar hacia el rumbo que tiene trazado en el horizonte, sea una roca, sea una estrella.

Mar de mercurio, de planeta a planeta, desde la luna al sol.

Lunes 12 de marzo de 2012.










lunes, 13 de febrero de 2012

Arcadia del Mar (XII).

Taso la vida con miradas a la playa y olores a mar.
Ascienden las palmeras, al fondo una montaña penetra las aguas.

Miro el mar desde la playa sobre algas y cantos rodados. Olas blancas.
Miro el mar desde la montaña, junto al tomillo y el romero.
Luces diversas que cambian como el arrullo de la brisa fría.

Mar, espejo múltiple, colección de instantes. Viento libre, recuerda.
Playa de mar y calcita, turquesa fluida que no cesa.
Mar de zinc, de plata, de oro. Pronto lluvia, agua pura.
Árbol de la vida, raíz del mar.

Cueva marina, puerta abisal, morada de Eolo hijo de Poseidón.
Quimera vetusta, alegoría meteorológica.
Ciclón o anticiclón, poderes ajenos a nuestro gobierno.

Roca estriada, mar de acíbar. Aleteo de aire, susurro de olas.
Cielo achubascado, álgido, presto a cellisquear.
Cobijado evoco la caminata montaraz de anteayer, fragancia virgen, espliego añil.

Cuando los días claros subo a la colina para divisar las islas Pitiusas.
La mirada es como la del barco de pasajeros, ida y vuelta; tierra, mar, tierra; isla, universo, continente.

Caleta de cantil y guijarros, sonrisa del mar.
Torre vigía sin bandera miras el bruñido mar de azur.
Casitas de colores junto al mar.

Agua y sal, mar; nubes y aire, cielo.
Crisol, mar, vida.
 
Por la pequeña luz del faro vivo, luminaria entre la neblina, salvador de naufragios.
Mínimo sol, densa niebla, invisible mar.

Ha salido, al final de la tarde, la luna que crece.

Jávea  13 de Febrero de 2012. 

jueves, 19 de enero de 2012

Arcadia del Mar (XI).

Los mares de distintos colores azulados, que contemplo cada día,
serán en el recuerdo un solo mar.

Armonio de acantilados. Cabo de levante, horizonte inevitable, rumbo ensimismado,
mar que la luna marea, roca tallada fuente de zaguán.

Rocas desnudas, alabeadas por el tiempo, varadas en el piélago que divide la vida,
cabo de la Nao, vigía solar.
Sueño primordial de celestes instantes. Mar ópalo, turquesa, zafiro.
Zalema para pupilas despiertas.

Aurora que bañas el mar y la tierra, luz que revela un nuevo día.
Eterno retorno, el regreso este instante y el abstracto tegumento cósmico.
Techo de delfín, camino de velas, campo del pescador, prado de la gaviota, cadena de islas y continentes: El Mar.

Kenningar palabras con paisajes, también aquí en el Mediterráneo.
Paisaje de ora marítima, dos mil seiscientos años de civilización.
Hemeroskopeion, atalaya diurna, tierra y mar de garum.

El solsticio de invierno señala que la luz del día acortará la oscuridad de la noche.
Día que renace en nuestra tradición una aporía benevolente y efectiva,
que deberíamos ponerle amplia atención por sí misma.

Vamos como gaviotas rondando la mar.
Quejumbre evanescente, remolino de furia, destello de espuma, pez que brilla.

Si miro alrededor, aunque no en mi mismo, me siento observado como una presa.
Si miro a mi interior veo temor y esperanza.
Al acechar de nuevo lo contiguo, percibo que formo parte de la naturaleza y de todo su fenómeno.
Las hojas del granado van cayendo como alhajas de oro a la luz del sol.

Seno de amor, roca con memoria de luna. Orilla, temblor, mar.
Tiempo, liminar llegada a puerto, y mañana, singlar el mar de mares.
Tras la pared de mi lecho, tres enhiestos cipreses. Lanzas, cielo.

El mar bruñido está abierto. La roca hoy inmóvil, mañana arenilla de playa a merced del viento.
Camino por una vereda junto al mar y descubro el habla callada de las flores.
Dejo sola una roca entre los pinos, el mar y el silencio de la calma.
Huele a espliego de otoño la mar serrana.

El arenal conoce las sonantes ondas del mar, diario esfera, noticias con brisa.
Selene, diosa lunar, hoy fulgente y plena en el crepúsculo, presta a rielar el mar. ¿Quién eres?

Jávea a 19 de enero de 2012.

domingo, 25 de diciembre de 2011

ARCADIA DEL MAR (X).

Vuelta a Arcadia del Mar, la de la caracola y el celaje.
De azules o en espumas la mar feliz se manifiesta.
Camino de tierra andado. Horizonte fluido y etéreo.

Un viso. Regreso al brillo inmaterial desprendido de sustancia.
Mínimo elemento a donde van las aguas.

Sentir la inmensidad del cielo azul, consumación de otros límites ilimitados.
Fuente, la mar completa.
Pensamiento amanecido, reinaugurar el mundo con llegaderos del bien.

Prevalecer, no aguardar, simplemente estar consciente del existir.
Contar la vida, la memoria siquiera es aire, hilos de satén, madeja revuelta, mención extinta.
Ahí el monte, el mar, las nubes. Paisaje móvil sin tiempo.

El alma a solas, luego altas luces, repletas de infinitos,
hasta la oquedad sin orillas.

Ancla, amor, donde el deseo y el sueño unen las aguas,
si pudiese acomodar un dique al vivo cielo para adueñármelo y franjearlo.

Hoy palmeras de corolas y alas de Fénix, cairel nebuloso en el paseo de mediodía.
Nubes fugaces, mar incesante, piedras inertes, todos, vecinos de la bahía.

Banco vacante y podio vacío sobre pedestal marítimo.
Nadie, no somos nadie para ser.

Poemario: Arcadia del Mar. 2011.

ARCADIA DEL MAR (IX).

Playa mineral de cantos rodados y canciones de la mar.
Puerta de agua marina.

Como el pensar, peregrino de instantes, platea el mar ante el cantil.
 Fiel romero, mar turquesa y lapislázuli. Aquí en Iberia.

Bajo las abullonadas nubes de otoño,
la buganvilla contempla al ciprés silente,
y anhela sus hojas perennes.

El destello del faro va y vuelve,
tal réplica entrecortada de luz y oscuridad.
El mar olea quebrándose con el rumor de la noche.

Por un instante, desde la ventana del escritorio miro la pequeña glorieta del jardín,
es mediodía, y la luz hoy es de rosa, si de rosa,
y rezo con los ángeles, si con los ángeles familiares de casa.

Mi alma y mi rostro son del Mediterráneo. No lo puedo evitar, ni quiero.
No aguardar, ser sin tiempo, habitar el espacio. Este soñar.
El tiempo no existe para lo eterno.
Sin embargo nuestra vida mengua día a día.
Es posible que esta perdida ofrezca otra ganancia.
¿Quién lo puede saber? El conocimiento es luz, la ignorancia tragedia.
Tal vez regresar al origen del delirio, cuando todo estaba unido, no sea una torpeza.

Zozobra inherente a la circunstancia de estar vivos.
Celaje abierto que seduce a la nada como lo real.

Viejo mar brumoso de plomo y de zinc.
Olas. Tal vez ser no sea, pero estar estoy.

Poemario: Arcadia del Mar. 2011.

ARCADIA DEL MAR (VIII).

Ensenada de tortuga y turquesa. Lugar de piratas.
No me apartes del mar. Implora una roca afligida.

Farallón de extraña figura. Capricho de roca y azar.
Mar azul inmovilizado en blanco y negro.

Otro encuadre del farallón de extraña figura.
Una mirada teleobjetiva surrealista.

Horizonte marino bruñido de acuarela, acicalado de pálidos grises.
Palmas verdes sobre la terraza.

Olas de espumas blancas. Brío del mar.
Difuso vapor, júbilo del bosque, que ríe esta mañana.

¿Cual será el mar de estas nubes? Se pregunta el agreste alcor...
Tal vez vengan de Ítaca.

El mar se cuela por un ojal de la roca. Ánfora profunda.

Ser libre es un proceso, que lleva toda una vida,
como el viaje de Ulises desde Troya a Ítaca.

La aurora luce tal gruta infinita, soñada,
destellos de piedras preciosas, esmeraldas, zafiros.

Amo el amor que une, libre como el mar.
Observo el cabo humilde y divino.

La edad es la realidad,
los sucesos son el tiempo.

Termino medio entre la vida y la muerte.
¿Donde converges? Silencio sentado.
¿Nada más? Ayer, hoy, mañana.
Puerta de cruz estrella.

El perfume del viento no es a lilas, jacintos amarillos, o rosas desgarradas;
es árido, salobre, marino.

Sencilla casa que velas el recuerdo de la barca que estuvo en la orilla.
Atardece, la sombra del acantilado devora el mar añil.

El ocaso barre el fulgor hacia el límite, es como un morir.

Poemario: Arcadia del Mar. 2011.

sábado, 24 de diciembre de 2011

ARCADIA DEL MAR (VI).

La tierra abraza al mar.
Abandonar la melancolía en el fondo de las aguas.
Olvidar.

Agua, sal, espuma. Cantil, árbol.
Aprehendo, me aprehende. Espejo de ser.

Confín evidente, dimensión crepuscular.
Al otro lado, llegada la noche, existe una muralla de estrellas.

Escalera al cielo, escalera a la profundidad, escalera.
Noche absoluta; espabila los ojos del día.

Blanca cal, ventana, fanal de celda, unción.
 Alma, guarida de días fieros. Indolentes prejuicios, vestíbulo de caverna.
Afuera, tormenta gélida. Adentro, la hoguera.

Fósil de arena y agua de mar, sólido y líquido, un pensar.
Tapiz azuleo de raso, de seda, de mármol, de mar.

Los días, crisol de vida, oro líquido, poética existencia.
Brisa otoñal mediterránea que acaricia el lóbulo de las orejas.

Las subpartículas por qué eligen un núcleo y no otro.
Por qué me llega este pensamiento y no otro.
Acaso la materia original la mece el viento otoñal,
la balancea una azarosa corriente, sin intención, sin deseo...

Provengo de una intención, mi madre deseaba un hijo,
más allá de esa voluntad, no sé por qué existo.
Fue una intención ajena a mi, al menos, no recuerdo cuando quise ser.
Ahora, las voluntades propias y ajenas me hacen como soy.

El conocimiento progresivo es la fusión de horizontes,
el ajeno histórico y el propio causal.

Llamar a un pueblo feliz es una falacia, una utopía.
La felicidad es una voluntad persistente.

Ya llega la hora de no enfrentarse con el prójimo,
sino con el destino.

Mi ser y estar son las propiedades más preciadas
y las defenderé hasta la muerte.

Poemario: Arcadia del mar. 2011.

ARCADIA DEL MAR (V).

La tarde nos llega como la mar adormecida.
Amalgama de horizontes: fusión de ola, mar y cielo, de curva, círculo y espiral.

Aparece el otoño, las cigarras se apagan.
Piel de mar. Playa de pescadores.

Horizonte, inflexión circular, inocente esfera marina.
Agua de mar, colores, leyendas, misterios.

Gaviota argéntea. Mar de plata.
Los destellos de la aurora. El decir del mar.

Farallón vigía. Somos el mar
Amanece. El sol se iza sobre la roca. Luz, la luz.

La dinámica naturaleza incesante que ofrece sosiego.
Isla e íntimo soliloquio comparten libre espacio.

Emerger o sumergirse son conceptos apropiados según las circunstancias.
Tened piedad de los que andamos en la frontera de lo inmediato y lo absoluto.

La felicidad es una voluntad constante, la alegría una obligación,
un esfuerzo, una luz interior.

La realidad universal se rige por la atracción, el rechazo, la fusión, la explosión
y no podemos evadirnos de nuestra propia naturaleza.

Somos símbolo y drama, más tragedia que comedia.
A toda persona le cuesta dominarse a sí mismo y ser dueño de sí.
El dirigente como persona no puede prescindir de los miedos y despertares de su Yo.
El gobernante es todo individuo que ejerce poder sobre un grupo de personas.


Estar bajo las tribulaciones constitutivas personales de los gobernantes,
que tienen, sin duda, el derecho de ser libres, se concreta en una tiranía,
aunque sea intermitente.

¿Cuantas pasiones, intrigas, fatigas y muertes hay escritas en papel moneda,
tras las acorazadas puertas de los bancos
o en otros baluartes de un sistema mundial económico tan injusto?

¿Qué hacer? ¿Ser cordero y seguir al pastor? ¿Ser lobo y retar al líder?
Sí, lo que soy es un supuesto de mí.
Mío, mío, nada. Todo pasa.

Poemario: Arcadia del mar. 2011.