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domingo, 14 de diciembre de 2025

El ciego ajedrez de la materia.

El tiempo, esa ficción que nos concede el Hoy (un muro de cristal contra la Nada, acaso), es la primer celada. El Ser, que soy y fui, se desdibuja al tacto, cifra o espejismo.

La existencia es la fe de un ajedrez sin nombre donde el peón, la torre y el ciego alfil de sombra saben que el tablero ya es polvo, ya es olvido. Y sin embargo, juegan.

El alma duele con una aritmética extraña, un teorema de Heráclito o un fulgor de Aleph que dicta la memoria de todos los naufragios. Este dolor no es carne, sino puro metal: la lúcida certeza de ser una moneda cuya efigie se borra en manos del azar.

A veces, la Razón —esa cruel geometría— se fatiga, y el Hombre decide ser su sombra. La Locura es el súbito descarte del espejo, la llave que rehúsa la puerta del hastío. Es el mapa invertido que nos promete el Norte en una calle idéntica y sin fin de Buenos Aires. La cordura era el miedo de saberse no-siendo.

La Muerte, la elegante. La que nunca traiciona. No es el último muro, sino el primer silencio donde el pretérito y el futuro se confunden. Ella clausura el Libro, mas no lo desmiente; y acaso, al fin, al ver su rostro en el crepúsculo, entendamos la trama, el código cifrado: que fuimos meros versos dictados por el Sueño de un dios ciego que juega con infinitos naipes.

Inspirado en Borges, uso IA.

sábado, 13 de diciembre de 2025

Ciclo del hondo sol.

El cuerpo, mapa de una pena profunda, espejo de una ciudad que se derrumba en el hálito sin nombre de la tarde. Aquí no hay muros que detengan la fuga del tiempo, este puñal que solo aguarda.

El eco de la sangre es ya ceniza, una pausa infinita en el silencio. Y en la grieta donde el ser se deshabita, asciende, como niebla, el dolor del alma. Fruto de sombra que el sol nunca deshizo. El lenguaje se pudre en la garganta y el silencio es la única respuesta, un dios helado sobre un campo yermo.

¿Qué queda del ritual, del movimiento? Solo el residuo, la arena que no fluye. El mundo es una rueda que repite la misma sílaba vana, el mismo gesto. Y de esta repetición, de esta agonía circular que el futuro nos promete, nace este lento y mineral cansancio de vida.

Un hilo tenue sostiene el laberinto. El deseo se ha vuelto memoria mustia, el aire que respiro ya no me nombra. Somos el hueco azul de una pregunta sin respuesta, la nada que subsiste. El alma, un ojo ciego que regresa a contemplar la piedra donde duerme la luz que un día fue promesa y ahora, solo es una sombra quieta.

Inspirado en Octavio Paz. Uso I.A.